La fruta que comen los ángeles y que encantaba a Tutankamón

La fruta que comen los ángeles y que encantaba a Tutankamón
5 julio 2017 Roberto Ortega
In Blog ecológico
Máscara mortuoria de Tutankamón.

Mark Twain, que opinó con mucho tino y gracia de casi todo, decía que si cuando comes sandía sabes qué comen los ángeles. Es probable. Esta fruta, la reina del verano, es consumida por el ser humano desde hace 5.000 años. Pero hubo que hacer algún que otro experimento antes de que supiera como ahora. Por cierto, tenemos una sandía riquísima en nuestra tienda.

En la página web de National Geographic podemos leer un interesante artículo sobre la historia de la sandía. “Fueron necesarias varias generaciones de cruza selectiva, en varios países y culturas, para producir el fruto rojo y dulce que hoy disfrutamos en los días de campo. Gran parte de esta historia épica se perdió en el tiempo. Pero Harry Paris, horticultor de la Organización de Investigación Agrícola de Israel, dedicó años a reunir pistas.  Y a hacer una crónica de la asombrosa transformación de la sandía o melón de agua a lo largo de 5.000 años”.

No hay consenso a la hora de determinar de dónde procede la que podríamos denominar protosandía. Seguimos leyendo: “Cultivado en el sur de África, se ha propuesto que el melón citrón es el antepasado más antiguo de la sandía. Pero Paris lo cuestiona, pues ha encontrado pruebas de que los egipcios comenzaron a desarrollar cultivos de melón de agua hace unos 4,000 años. Una época que precede al inicio de la agricultura en el sur del Continente Negro”.

Paris afirma que el verdadero antepasado del melón de agua moderno es nativo del noreste de África. Es el citrullus lanatus variedad colocynthoides, conocido como gurum en Sudán y gurma, en Egipto.

“¿Por qué ir hasta África Occidental, a un país como Nigeria, cuando seguimos encontrando estas sandías salvajes en los desiertos de Egipto y Sudán, aun en la actualidad?”, cuestiona Paris.

Dos kilos de semillas

Objetos de la tumba de Tutankamón, tal y como los encontró su descubridor, Howard Carter.

Objetos de la tumba de Tutankamón, tal y como los encontró su descubridor, Howard Carter.

 

El consumo de sandía está documentado, como hemos visto, desde la antigüedad. Los egipcios ya la tomaban. Hay constancia de ello en tumbas de más de 4.000 años. Más reciente, en la de Tutankamón también se encontraron semillas de sandía. De hecho se hallaron dos kilos de semillas de medio centenar de especies.

Cuando los egipcios comenzaron a cultivar melones de agua, la primera característica que intentaron modificar fue el sabor. El sabor amargo de la sandía antigua está determinado por un solo gen dominante. De manera que habría sido relativamente sencillo recurrir a la reproducción selectiva para eliminarlo de la población.

Volvemos al artículo de ‘National Geographic’: “Y después, los productores de sandía empezaron a seleccionar otras características. Como la servían fresca, debía ser lo bastante blanda para cortarla y comerla. Es decir, habían eliminado la pulpa dura y la necesidad de golpearla para formar una pasta acuosa. No obstante, si bien la fruta era menos dura y amarga, aún no cumplía su promesa de convertirse en el melón de agua, dulce y suave, que disfrutamos hoy”.

 

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